4-7-2008
EKEUKO/COVACE | Sagarrak-Ekologistak Martxan
El Correo, en su sección de Ciudadanos del lunes 30
de junio, publica un reportaje (Ver reportaje)en el que informa de que, según el recuento de las propias operadoras de telefonía inalámbrica, hay ya 2.500 antenas instaladas por toda la CAPV. y, como siempre por estos lares, la prueba de la inocuidad de las microondas queda a cargo de Félix Goñi, bioquímico, Premio Euskadi de Investigación en 2002. Por supuesto el Sr. Goñi no aporta prueba alguna de inocuidad –qué más quisiera él que tenerlas– y se limita a insistir en que el experto es él y a ver quiénes somos los demás para atrevernos a poner en duda su palabra. Siempre el mismo experto y siempre la misma cantinela.
Al parecer el ilustre Sr. Goñi no tiene acceso a internet –aunque seguro que apoya el despiadado despliegue del WiFi por todo Bilbao–, y no se ha enterado de la montaña –decenas de miles– de artículos de médicos, epidemiólogos, físicos y otros investigadores peninsulares y extranjeros, publicados en las más prestigiosas revistas de investigación, que presentan evidencias incontestables de que las microondas de las telecomunicaciones tienen efectos nocivos para la salud de los seres vivos, incluidos los humanos. Claro que el Sr. Goñi no parece entender que la prueba definitiva y absolutamente determinista –como la de la existencia de Dios– no es cosa de la verdadera ciencia y sólo existe para quienes la ponen al servicio de otros intereses. Según el criterio del Sr. Goñi aún estaríamos fumando sin control y los tribunales estadounidenses no habrían concedido ni un céntimo a las víctimas de los intereses de las tabacaleras.
Como debe pasarse la vida investigando, encerrado en su laboratorio para que no le caiga una antena encima –porque dice que ése es el único peligro que entrañan las antenas–, el Sr. Goñi no ha tenido ocasión de enterarse de que el Gobierno Alemán hace tiempo que decidió que la evidencia científica requiere que se aplique el Principio de Precaución y se minimice la exposición de las personas a las radiaciones que emiten las antenas, ni que aconseja a sus ciudadanos que no instalen WiFi ni inalámbricos en sus casas y que limiten el uso del teléfono móvil. Otro tanto ha hecho el Gobierno Ruso, que tiene fijados límites de emisión cientos de veces menores que los que hay en Bilbao y, además recomienda que los menores de 18 años no usen el móvil más que para emergencias.
A esas autoridades sanitarias se han sumado este año las del Gobierno de la India, y ya conocemos la polémica que hay en el Reino Unido sobre el tema del WiFi en las escuelas. También el gobierno de Francia ha publicado un díptico, disponible en la web www.avaate.org , para advertir a sus ciudadanos de los peligros del uso del móvil. No debemos olvidar que las ondas emitidas por las antenas son las mismas que las del móvil, y los niveles de inmisión o absorción de las radiofrecuencias emitidas por una antena no siempre son menores que los producidos por el móvil, con la diferencia muy significativa de que las antenas emiten las veinticuatro horas del día, todos los días del año, sin interrupción.
Nuestro premio Euskadi de Investigación por lo visto no tiene acceso a las investigaciones sobre la peligrosidad de las radiaciones de la telefonía móvil que se están llevando a cabo en el Presbiterian Hospital de la Universidad de Columbia en Nueva York, o a los resultados del Proyecto Reflex, por poner sólo dos ejemplos (se pueden ver más en la web www.next-up.org). Las investigaciones constatan efectos dañinos para el ADN celular y para el equilibrio hormonal e inmunológico humano a niveles miles de veces por debajo de lo legalmente permitido y muy por debajo también de los niveles habituales hoy en las calles, e incluso en el interior de muchas viviendas, en Bilbao.
Si las radiaciones que emiten las antenas de telefonía son tan inocuas como dice el Sr. Goñi, ¿por qué iban a estar tantos gobiernos poniendo restricciones a los intereses de las operadoras que son una industria de considerable interés pecuniario para cualquier país? No parece lógico que los gobiernos se dejen llevar por el efecto placebo que, según el Sr. Goñi, es lo único que obnubila a los afectados, y vean peligros donde no hay sino progreso e ingresos tributarios. Tampoco se explica que, si la tecnología que ensalza el Sr. Goñi fuera segura, la alarma esté cundiendo entre las propias aseguradoras que no sólo se niegan a extender pólizas que cubran los riesgos de la exposición a esas ondas, sino que además han elaborado documentos internos en los que exponen el grave riesgo para su propia supervivencia y negocios que correrían si lo hicieran, ya que ven inevitable que la situación lleve a grupos enteros de población a exigir reparaciones por los daños sufridos ante los tribunales –los temidos “class action suits” del derecho anglosajón–.
Por otra parte, decir, como dice el representante de Getxo, que “ningún organismo puede asegurar que son nocivas” es lamentable, por más que añada “pero tampoco que son inocuas”. Ambas afirmaciones no están en plano de igualdad, por mucho que las operadoras se empeñen en financiar estudios que no prueban nada para ir ganando tiempo a costa de nuestra salud.
Estamos ante una verdadera amenaza para la salud de la población y los algunos gobiernos ya lo tienen claro. Como dice el Informe Bioinitiative Report, publicado recientemente por un grupo de eminentes científicos internacionales (véase el informe completo en la web www.bioinitiative.org) no es exagerado decir que el aumento vertiginoso de la contaminación electromagnética generado por estas tecnologías y su caótico despliegue constituye el mayor experimento biológico de la historia de la humanidad. y sus consecuencias están ya haciendo que el Parlamento Europeo empiece a ponerse de lado del Principio de Precaución. Nos queda un largo trecho hasta incluir la electrosensibilidad entre las enfermedades reconocidas como causa de baja laboral y discapacidad, como lo ha hecho Suecia (véase la web para electrosensibles de Suecia www.feb.se o de Cataluña www.associacioadquira.org).
Hay suficientes evidencias para poner en cuestión la inocuidad que proclaman las operadoras, prevenir a la población y exigir la actuación decidida de los poderes públicos en defensa de nuestra salud. Si no lo hacemos, pasarán unos cuantos años hasta que el porcentaje de personas electrosensibles, que no pueden vivir en ambientes tan contaminados, y de víctimas de enfermedades degenerativas como el cáncer, el Alzheimer, el Parkinson, la fibromialgia, etc. aumente de forma tan alarmante que se las autoridades se vean obligadas, por razones políticas y económicas, a tomar medidas para reducir los niveles de contaminación electromagnética que soportamos. Así tuvo que ser con el tabaco también, pero ahora la amenaza es más grave y no hay escapatoria: las radiaciones no se quedan en las calles; penetran en nuestras viviendas día y noche, aunque nosotros no usemos el móvil o tengamos WiFi.
EKEUKO / COVACE
Elektromagnetismoak Kaltetuen Euskal Koordinakundea
Coordinadora Vasca de Afectad@s por Campos Electromagnéticos
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